Mi nombre es Pablo Giordana y hace más de 20 años que soy psicólogo. A lo largo de mi experiencia profesional me fui desarrollando en varios ámbitos pero siempre orienté mi perspectiva de abordaje empatizando con la persona que consulta. Nunca me sentí del todo de acuerdo con ese perfil profesional distante, callado, misterioso y críptico, que anula todo tipo de cercanía. Una distancia óptima es operativa para trabajar, pero no tiene que impedir algún tipo de empatía y de solidaridad que resuene en la escucha de lo que se nos plantea. Esta mirada la fui construyendo a partir de mi estudio de la escuela sistémica, quien propone que los problemas no son “de alguien” sino “de una situación”. Los problemas los padece alguien pero se los entiende mejor dentro del contexto en el que tienen lugar.
Entiendo que el abordaje terapéutico de la ansiedad es un problema de estrategias. Pocas cosas causan más ansiedad que saber que lo que uno está por intentar hacer, para resolver su síntoma, en realidad ya fracasó antes, una y otra vez, y que lo volverá a hacer.
Cuando se presenta un primer conflicto importante y se intenta resolverlo cuando sabremos si se podrá formar un vínculo de pareja estable o no.
Cuando nos encontramos envueltos en una situación de consumo problemático, en lugar de hacernos las difíciles preguntas que nos llevan a crecer, a conocernos y a enriquecer nuestra vida, recurrimos a un hábito que las tapa y “nos alivia”.
No hace falta sufrir un problema psicológico para hacer terapia. Realizar una serie de encuentros ayuda a formarnos para el disfrute o el autoconocimiento, el cual permite acceder a un desarrollo personal, recreativo, laboral, emocional, satisfactorio.
Mi propuesta inicial es tener tres o cuatro entrevistas en las que me armo una idea general, un mapa de la situación expuesta y luego hago una pequeña devolución en la cual planteo qué entiendo yo qué se podría trabajar y acuerdo esto con quien me consulta, armando juntos un plan de trabajo, metas, plazos objeciones, etc.